sábado, 9 de agosto de 2014

Una avispa cuco (Chrysis ignita) en el balcón

    No son moscas (aunque algunas tengan brillos metálicos similares) y tampoco abejas, sino avispas llamadas avispas cuco (Chrysis ignita). Durante el verano, no es difícil sorprender a esta especie en cualquier lugar de Chinchilla. Esta, en concreto, apareció el mes pasado en el balcón, tras unas lluvias.
    Se trata de una avispa que parasita a otras especies de avispas (más de 20). La hembra deposita sus huevos en el nido de otro himenóptero y cuando nacen las larvas, devoran lentamente a sus hospedadores.
    Cabe destacar la forma en que se defienden cuando se sienten en peligro, tan característica de este grupo de animales: enrollándose en una bola.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Por qué los pinos son un problema en la Sierra de Chinchilla y soluciones

    Cuando ARBA (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono) realizó sus I Jornadas de Recuperación del Sustrato Arbustivo de los Pinares de la Sierra de Chinchilla, los voluntarios hicieron varias preguntas a los organizadores: por qué habíamos decidido hacer la actuación, cuál era el objetivo... En esta entrada, pretendemos aclarar dudas medioambientales sobre la problemática de los 'cultivos' de pino carrasco (Pinus halepensis) en nuestra Sierra Procomunal de Chinchilla de Montearagón. Pensamos que es necesario que, cuanta más gente conozca la verdad sobre la situación medioambiental de la Sierra de Chinchilla, mejor para todos.

    Una de las preguntas que nos hicieron era si los pinos carrascos, tan abundantes aquí, son autóctonos en la zona de la Sierra de Chinchilla o no. Los pinos carrascos de las reforestaciones masivas de la Sierra de Chinchilla son autóctonos en España, en el interior del CENAD hay algunos ejemplares de tamaño considerable, y si bien esta especie puede llegar a vivir 300 años, que esos pinos grandes estén ahí no justifica esas plantaciones masivas. En el libro La Sierra de Chinchilla. El CENAD "Chinchilla" y sus condiciones ambientales (Ministerio de Defensa, 2007), se asegura que el pino carrasco aparece en formaciones más o menos naturales (y favorecidas por repoblaciones). ¿Es eso cierto?  He aquí un mapa (de euforgen.org) de la distribución actual del pino carrasco o de Alepo en el Mediterráneo, su zona de distribución actual, fomentada, claro está, por las repoblaciones efectuadas por el hombre durante casi siglos:


    Por el mapa, podemos deducir que el pino carrasco sí es una especie autóctona en nuestra zona, aunque no en toda ella. Porque ya más localmente, lo más probable es que haya sido introducida y extendida por el hombre. Lo que sí es más que seguro es que el pino carrasco jamás habría formado bosques en la Sierra Procomunal como los que encontramos actualmente. La subdivisión biogeográfica de la Sierra de Chinchilla incluye en su vegetación potencial encinas de bellota dulce, sabinas, enebros, romeros, coscojas y otras plantas amantes de la altitud y condiciones de sequía acentuada en verano e inviernos fríos y variables, entre muy húmedos, moderadamente húmedos y secos. Con lo cual deducimos que: sí es posible que el pino carrasco crezca en la Sierra Procomunal en formaciones de individuos dispersos, pero no en bosques densos.
    La convulsa historia de ocupación del territorio de la Ciudad de Chinchilla a lo largo de los siglos, prácticamente desde la Antigüedad, ha ido modelando la vegetación de la Sierra. La creencia general es que la zona es un secarral extremadamente seco y sin interés, pero lo cierto es que aquí, hace pocos siglos, se extendían bosques de encinas y coscojas intercalados con algunos pinos de varias especies, terrenos con espartales y pedregales con labiadas tan interesantes como el endémico (es decir, que solo aparece aquí en estado natural y en ningún otro sitio del mundo) rabogato del Mugrón (Sideritis mugronensis) o la curiosa Genista pumila, que incluso hoy sobreviven. Estos eriales secos con espartales han cobrado mayor interés en las últimas décadas, ya que albergan más especies de flora y fauna que las propias repoblaciones de pino carrasco en la Sierra. Muchas de estas plantas se han utilizado en medicina natural y gastronomía local. Sin embargo, y en especial durante los dos últimos siglos, las talas de encinas para producir leña, la presión ganadera y agrícola y las actividades lúdicas de estos últimos años, han puesto en jaque la regeneración natural del bosque mediterráneo en la zona.

Tomillo, una planta muy abundante y utilizada en gastronomía manchega.
Romero. Antaño muy común, ahora solo lo es localmente.
Espartal con Genista pumila.
Rabogato de El Mugrón, en una pared cercana al repetidor.

    El pino carrasco es una especie termófila que se adapta especialmente bien a terrenos secos y esqueléticos donde ninguna otra especie arbórea puede crecer. Soporta las sequías extremas y las altas temperaturas. Además, es una planta que coloniza rápidamente lugares desarbolados. Y por eso, precisamente, es por lo que se utilizó tan extensamente en nuestra Sierra Procomunal. La aparente aridez de la Sierra animó a su plantación masiva. Al ser una conífera de tan rápido crecimiento, en pocos años, el monte "feo" en apariencia se volvió verde y crecieron muchos árboles. La tala que tuvo que haberse realizado para clareo hace décadas ni se pensó, ya que, como de repente había mucho "verde", se dejaron. La excusa es que los pinos se utilizan de avanzadilla para crear suelo y poner especies más exigentes, pero en las laderas donde crecen, únicamente hay pinos. Este tipo de actuación es muy típica de las mentalidades políticas: plantar pinos para que crezcan rápido y así la gente vea un bosque (en apariencia, porque más adelante veremos que no lo es) que se ha desarrollado rápidamente. Así se hizo en casi toda España con otras coníferas (sobre todo, con pinos resineros). Pero así no funcionan las cosas. No se pensó en las consecuencias medioambientales de las plantaciones masivas de pino. A su sombra, prácticamente no hay ningún arbusto, ni hierba (aparte del abundante lastón (Brachypodium retusum), que crece por doquier). Seguramente los paseantes que deciden aventurarse por la Sierra se han dado cuenta de este fenómeno.

¿No parece un bosque enfermo?
    En algunas zonas, los pinos de la Sierra de Chinchilla están plantados tan extremadamente juntos que luchan entre ellos para encontrar la luz, con lo cual se extienden hacia arriba, creando una zona de penumbra a media altura del árbol llena de ramas secas ennegrecidas y muertas. Esto es un problema, ya que, en caso de un hipotético incendio forestal, el fuego se propagaría rapidísimamente. Los pinos carrascos son especies fotófilas y allá donde son autóctonos, crecen separados unos de otros con muchos metros de distancia entre sí, para captar bien la luz. En zonas de vallejos, los pinos, tan juntos, crean umbrías anormales.

    Esta acentuada competencia por captar mayor cantidad de luz solar, en los casos donde haya sido posible la germinación de alguna otra planta, provoca crecimientos raquíticos y anormales.

    Todo este panorama, además, no es agradable a la vista.

Solo pinos. Nada más.
    Pero lo peor es que aquí no acaban las cosas. No solo la sombra que proyectan las copas de los pinos, tan cercanas entre sí, evita el crecimiento de otras plantas. Es que también las agujas de los pinos, que se acumulan por kilos en el suelo del monte, emiten una sustancia que bloquea la germinación y crecimiento de otras plantas. Muchas veces, nos es posible observar otros arbustos o hierbas pequeñas aguantando dentro de los pinares, pero eso es porque tienen el mismo comportamiento que los propios pinos y acaban adaptándose. Estas agujas de pino, asimismo, tardan años en descomponerse, así que no se crea humus rápidamente en el monte y la regeneración boscosa se estanca.

    Tantos pinos, además, atraen a la temida plaga de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). En la Sierra no son todavía abundantes, pero cada vez aparecen más árboles con las características bolsas blancas y ramas peladas. Las orugas de esta polilla están cubiertas de pelos urticantes que pueden causar mucho dolor en la piel de las personas.

    Al no haber otras plantas creciendo en la zona, aparte de los pinos, cuando estos mueran, prácticamente no se sucederán otros bosques. Es posible, incluso, que todo empeore y la temida desertificación avance a pasos agigantados gracias a la erosión y la dejadez con que se gestiona este territorio. Por eso debemos aprender a entender correctamente al monte y a leer las señales que nos da. Así es como, desde ARBA Albacete, nos animamos a ir restaurando el sustrato arbustivo, poco a poco, para que en el futuro acabemos con un monte sano y rico en especies autóctonas, tras haber observado y estudiado el sitio con detenimiento y haber leído publicaciones sobre la vegetación, pluviometría y edafología de la zona.




PRINCIPALES PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES EN LA SIERRA DE CHINCHILLA:
-muchos pinos carrascos, demasiados, creciendo muy muy juntos.
-sobreexplotación del terreno en diversos ámbitos, entre ellos, el lúdico (ciclismo en zonas por donde no hay sendas, creación de nuevas sendas sin permisos).

SOLUCIONES PROPUESTAS:
-talas de muchos pinos, no todos, al azar, tras un estudio de las características de los ejemplares en general. Eliminación de los que menos ramas verdes tengan. Proceder a la eliminación de restos de poda y acto seguido realizar el paso siguiente, sin esperar a que una lluvia torrencial desplace la capa superficial de suelo. Indispensable evitar la introducción de maquinaria pesada en las zonas a tratar.
-a la madera procedente de esos pinos cortados puede dársele muchos usos de forma sostenible: para carpintería, o contrucción de cajas nido para aves insectívoras y murciélagos para colocar en la propia Sierra. Estas cajas nido pueden fabricarse a partir del vaciado de troncos de determinados tamaños y realizando un agujero de unos centímetros (lo suficiente para que quepa un ave del tamaño de un carbonero), con una tapa. Favoreciendo la cría de aves insectívoras y murciélagos, se ayudará a controlar las plagas de procesionaria.
-repoblaciones adecuadas, sobre todo, con especies arbustivas que incluyan mucho romero, esparto, que es un buen creador de suelo; retama común, que, al ser una leguminosa, fija nitrógeno en el suelo, muy importante; enebro de la miera, espliego, jara blanca, romero macho, coscoja, aladierno, cornicabra en vallejos, y dejar que se asienten durante unos años. También se puede ayudar a la regeneración con el esparcimiento directo de semillas sobre la sierra, ya sea a mano o con medios aéreos. Cuando se observe una recuperación arbustiva general, se pueden iniciar las plantaciones con arbóreas, como la encina en todo el territorio junto con la sabina albar y la sabina mora, el majuelo y el quejigo en zonas de vallejos o incluso el pino laricio en lugares más altos a partir de los 850 msnm. En lugares más arenosos, el pino piñonero también puede encontrar su lugar, en zonas no muy altas, como crece en la zona de La Raya. Se han de respetar de acciones intensivas algunas zonas donde solo crezcan espartos, ya que son focos de expansión de especies endémicas como Sideritis mugronensis, Genista pumila subsp. pumila, etc. y en ellos habitan especies de aves esteparias de muchísimo interés como el alcaraván, la ganga ibérica y el sisón, además de la perdiz roja y mamíferos como la liebre ibérica, y de algunos invertebrados. Si acaso, sembrando bellotas o plantones de encinas. Sería interesante promover la participación ciudadana en estas recuperaciones del bosque. Para esta actuación debe ser obligatorio realizar una cartografía de la zona y señalar las zonas a respetar. La verdadera regeneración de un bosque se produce, primero, con arbustos, para que estos vayan preparando el suelo y acaben dando sombra primero a los jóvenes árboles. La plantación de arbustos autóctonos favorecerá también la diversidad de fauna.
-colocar vallados en determinados puntos con carteles que recen "Zona en regeneración. Se ruega no pasar" y retirarlos tras unos años. Se han de realizar seguimientos de estas zonas para comprobar que se regeneran. Así se protegerán del pastoreo y la depredación.
-otra solución posible sería la tala de pinos en rodales y claros experimentales, vallados, e ir reintroduciendo en ellos las especies mencionadas de la forma que se ha ido diciendo.
-eliminación de senderos no figurados en los mapas de la Sierra Procomunal originados por ciclismo intensivo. Construcción de rutas señalizadas para que los ciclistas puedan disfrutar también de la Sierra.
-colocación de carteles informativos resistentes a los elementos de la intemperie que incluyan textos y fotografías sobre la geología, vegetación y fauna de la Sierra. También sobre las tradiciones étnicas. Hacer hincapié en las tres especies de orquídea observables (recientemente eran sólo dos) y algunas otras bulbosas características como la meleagria, el nazareno o las merenderas, frecuentemente confundidas con el azafrán, lo cual es algo peligroso porque son muy tóxicas.
-se ha de promover el respeto por este lugar tan maltratado durante tantos años y darle una oportunidad a la naturaleza para su regeneración.
-evitar la suciedad producida por actividades humanas, eliminación de residuos.

Una última consideración. Es posible que muchos se sorprendan al leer que recomendamos la tala de muchos ejemplares de pinos de la Sierra de Chinchilla. Todos vemos mal la caída de un árbol, a muchos, incluso, nos revuelve el estómago y nos sienta mal. Lo que muchos de nosotros todavía no entendemos es la forma en que los árboles viven y crecen, no entendemos cómo funcionan los bosques, y por eso se producen errores a la hora de crearlos. En nuestra mentalidad, sabemos que talar un árbol está "mal", pero no lo está plantarlo mal. Como hemos dicho más arriba, los pinos carrascos son plantas que aman el sol con toda su alma, y por ello, donde son autóctonos de verdad, forman bosques muy poco densos, con ejemplares muy separados unos de otros, ya que buscan la luz, como hemos dicho más arriba. Las plantaciones monoespecíficas de pinos son una buena manera de perder biodiversidad en nuestra querida región mediterránea, tan rica tanto en especies vegetales como animales. Lo que nosotros vemos en la Sierra de Chinchilla como un extenso mar de pinos, es en realidad un cultivo enfermo que agoniza lentamente. Además, la regeneración boscosa, que es lo que se pretendía, por parte de los pinos carrascos, no se está produciendo. Los pinos fructifican y producen y esparcen sus semillas aladas, pero no germinan ni se extienden. Criticamos estas plantaciones de pino, sí, pero queremos recalcar que han cumplido su función y ahora toca un nuevo futuro en la restauración de nuestros bosques. Ya es hora de que la encina, la verdadera señora de nuestros montes que todavía cuenta con grandes ejemplares aislados en la Sierra, acompañada de su séquito de romeros, coscojas, y aromáticas, vuelva a dominar lo que se le quitó. La encina es el árbol madre que da la vida en nuestro típico monte mediterráneo, produce humus y hábitat para infinidad de especies y no estropea el suelo, al contrario que los pinos. Por eso hemos escrito esta entrada, para animar a nuestros conciudadanos y políticos a tomar medidas antes de que sea demasiado tarde.

    Finalmente, queremos avisar de que si un incendio asolase las zonas de pinar de Chinchilla, donde, por cierto, hay un riesgo extremo de que esto ocurra, sería lo peor. Al poco tiempo, los pinos volverían a crecer, esta vez tan cerca unos de otros que se ahogarían incluso entre ellos y no dejarían crecer ya nada. (amén de las pérdidas causadas y lo fácil que sería que el fuego cruzase al pueblo). Por ello es necesario hacer caso a la Naturaleza y sobre todo, a nuestros montes, y entenderlos y responder a la gestión que ellos piden. Solo así se conseguirá un futuro medioambiental sano donde todos podamos disfrutar de la Sierra Procomunal de Chinchilla de Montearagón.

Jara blanca (Cistus albidus)