sábado, 9 de agosto de 2014

Una avispa cuco (Chrysis ignita) en el balcón

    No son moscas (aunque algunas tengan brillos metálicos similares) y tampoco abejas, sino avispas llamadas avispas cuco (Chrysis ignita). Durante el verano, no es difícil sorprender a esta especie en cualquier lugar de Chinchilla. Esta, en concreto, apareció el mes pasado en el balcón, tras unas lluvias.
    Se trata de una avispa que parasita a otras especies de avispas (más de 20). La hembra deposita sus huevos en el nido de otro himenóptero y cuando nacen las larvas, devoran lentamente a sus hospedadores.
    Cabe destacar la forma en que se defienden cuando se sienten en peligro, tan característica de este grupo de animales: enrollándose en una bola.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Por qué los pinos son un problema en la Sierra de Chinchilla y soluciones

    Cuando ARBA (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono) realizó sus I Jornadas de Recuperación del Sustrato Arbustivo de los Pinares de la Sierra de Chinchilla, los voluntarios hicieron varias preguntas a los organizadores: por qué habíamos decidido hacer la actuación, cuál era el objetivo... En esta entrada, pretendemos aclarar dudas medioambientales sobre la problemática de los 'cultivos' de pino carrasco (Pinus halepensis) en nuestra Sierra Procomunal de Chinchilla de Montearagón. Pensamos que es necesario que, cuanta más gente conozca la verdad sobre la situación medioambiental de la Sierra de Chinchilla, mejor para todos.

    Una de las preguntas que nos hicieron era si los pinos carrascos, tan abundantes aquí, son autóctonos en la zona de la Sierra de Chinchilla o no. Los pinos carrascos de las reforestaciones masivas de la Sierra de Chinchilla son autóctonos en España, en el interior del CENAD hay algunos ejemplares de tamaño considerable, y si bien esta especie puede llegar a vivir 300 años, que esos pinos grandes estén ahí no justifica esas plantaciones masivas. En el libro La Sierra de Chinchilla. El CENAD "Chinchilla" y sus condiciones ambientales (Ministerio de Defensa, 2007), se asegura que el pino carrasco aparece en formaciones más o menos naturales (y favorecidas por repoblaciones). ¿Es eso cierto?  He aquí un mapa (de euforgen.org) de la distribución actual del pino carrasco o de Alepo en el Mediterráneo, su zona de distribución actual, fomentada, claro está, por las repoblaciones efectuadas por el hombre durante casi siglos:


    Por el mapa, podemos deducir que el pino carrasco sí es una especie autóctona en nuestra zona, aunque no en toda ella. Porque ya más localmente, lo más probable es que haya sido introducida y extendida por el hombre. Lo que sí es más que seguro es que el pino carrasco jamás habría formado bosques en la Sierra Procomunal como los que encontramos actualmente. La subdivisión biogeográfica de la Sierra de Chinchilla incluye en su vegetación potencial encinas de bellota dulce, sabinas, enebros, romeros, coscojas y otras plantas amantes de la altitud y condiciones de sequía acentuada en verano e inviernos fríos y variables, entre muy húmedos, moderadamente húmedos y secos. Con lo cual deducimos que: sí es posible que el pino carrasco crezca en la Sierra Procomunal en formaciones de individuos dispersos, pero no en bosques densos.
    La convulsa historia de ocupación del territorio de la Ciudad de Chinchilla a lo largo de los siglos, prácticamente desde la Antigüedad, ha ido modelando la vegetación de la Sierra. La creencia general es que la zona es un secarral extremadamente seco y sin interés, pero lo cierto es que aquí, hace pocos siglos, se extendían bosques de encinas y coscojas intercalados con algunos pinos de varias especies, terrenos con espartales y pedregales con labiadas tan interesantes como el endémico (es decir, que solo aparece aquí en estado natural y en ningún otro sitio del mundo) rabogato del Mugrón (Sideritis mugronensis) o la curiosa Genista pumila, que incluso hoy sobreviven. Estos eriales secos con espartales han cobrado mayor interés en las últimas décadas, ya que albergan más especies de flora y fauna que las propias repoblaciones de pino carrasco en la Sierra. Muchas de estas plantas se han utilizado en medicina natural y gastronomía local. Sin embargo, y en especial durante los dos últimos siglos, las talas de encinas para producir leña, la presión ganadera y agrícola y las actividades lúdicas de estos últimos años, han puesto en jaque la regeneración natural del bosque mediterráneo en la zona.

Tomillo, una planta muy abundante y utilizada en gastronomía manchega.
Romero. Antaño muy común, ahora solo lo es localmente.
Espartal con Genista pumila.
Rabogato de El Mugrón, en una pared cercana al repetidor.

    El pino carrasco es una especie termófila que se adapta especialmente bien a terrenos secos y esqueléticos donde ninguna otra especie arbórea puede crecer. Soporta las sequías extremas y las altas temperaturas. Además, es una planta que coloniza rápidamente lugares desarbolados. Y por eso, precisamente, es por lo que se utilizó tan extensamente en nuestra Sierra Procomunal. La aparente aridez de la Sierra animó a su plantación masiva. Al ser una conífera de tan rápido crecimiento, en pocos años, el monte "feo" en apariencia se volvió verde y crecieron muchos árboles. La tala que tuvo que haberse realizado para clareo hace décadas ni se pensó, ya que, como de repente había mucho "verde", se dejaron. La excusa es que los pinos se utilizan de avanzadilla para crear suelo y poner especies más exigentes, pero en las laderas donde crecen, únicamente hay pinos. Este tipo de actuación es muy típica de las mentalidades políticas: plantar pinos para que crezcan rápido y así la gente vea un bosque (en apariencia, porque más adelante veremos que no lo es) que se ha desarrollado rápidamente. Así se hizo en casi toda España con otras coníferas (sobre todo, con pinos resineros). Pero así no funcionan las cosas. No se pensó en las consecuencias medioambientales de las plantaciones masivas de pino. A su sombra, prácticamente no hay ningún arbusto, ni hierba (aparte del abundante lastón (Brachypodium retusum), que crece por doquier). Seguramente los paseantes que deciden aventurarse por la Sierra se han dado cuenta de este fenómeno.

¿No parece un bosque enfermo?
    En algunas zonas, los pinos de la Sierra de Chinchilla están plantados tan extremadamente juntos que luchan entre ellos para encontrar la luz, con lo cual se extienden hacia arriba, creando una zona de penumbra a media altura del árbol llena de ramas secas ennegrecidas y muertas. Esto es un problema, ya que, en caso de un hipotético incendio forestal, el fuego se propagaría rapidísimamente. Los pinos carrascos son especies fotófilas y allá donde son autóctonos, crecen separados unos de otros con muchos metros de distancia entre sí, para captar bien la luz. En zonas de vallejos, los pinos, tan juntos, crean umbrías anormales.

    Esta acentuada competencia por captar mayor cantidad de luz solar, en los casos donde haya sido posible la germinación de alguna otra planta, provoca crecimientos raquíticos y anormales.

    Todo este panorama, además, no es agradable a la vista.

Solo pinos. Nada más.
    Pero lo peor es que aquí no acaban las cosas. No solo la sombra que proyectan las copas de los pinos, tan cercanas entre sí, evita el crecimiento de otras plantas. Es que también las agujas de los pinos, que se acumulan por kilos en el suelo del monte, emiten una sustancia que bloquea la germinación y crecimiento de otras plantas. Muchas veces, nos es posible observar otros arbustos o hierbas pequeñas aguantando dentro de los pinares, pero eso es porque tienen el mismo comportamiento que los propios pinos y acaban adaptándose. Estas agujas de pino, asimismo, tardan años en descomponerse, así que no se crea humus rápidamente en el monte y la regeneración boscosa se estanca.

    Tantos pinos, además, atraen a la temida plaga de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). En la Sierra no son todavía abundantes, pero cada vez aparecen más árboles con las características bolsas blancas y ramas peladas. Las orugas de esta polilla están cubiertas de pelos urticantes que pueden causar mucho dolor en la piel de las personas.

    Al no haber otras plantas creciendo en la zona, aparte de los pinos, cuando estos mueran, prácticamente no se sucederán otros bosques. Es posible, incluso, que todo empeore y la temida desertificación avance a pasos agigantados gracias a la erosión y la dejadez con que se gestiona este territorio. Por eso debemos aprender a entender correctamente al monte y a leer las señales que nos da. Así es como, desde ARBA Albacete, nos animamos a ir restaurando el sustrato arbustivo, poco a poco, para que en el futuro acabemos con un monte sano y rico en especies autóctonas, tras haber observado y estudiado el sitio con detenimiento y haber leído publicaciones sobre la vegetación, pluviometría y edafología de la zona.




PRINCIPALES PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES EN LA SIERRA DE CHINCHILLA:
-muchos pinos carrascos, demasiados, creciendo muy muy juntos.
-sobreexplotación del terreno en diversos ámbitos, entre ellos, el lúdico (ciclismo en zonas por donde no hay sendas, creación de nuevas sendas sin permisos).

SOLUCIONES PROPUESTAS:
-talas de muchos pinos, no todos, al azar, tras un estudio de las características de los ejemplares en general. Eliminación de los que menos ramas verdes tengan. Proceder a la eliminación de restos de poda y acto seguido realizar el paso siguiente, sin esperar a que una lluvia torrencial desplace la capa superficial de suelo. Indispensable evitar la introducción de maquinaria pesada en las zonas a tratar.
-a la madera procedente de esos pinos cortados puede dársele muchos usos de forma sostenible: para carpintería, o contrucción de cajas nido para aves insectívoras y murciélagos para colocar en la propia Sierra. Estas cajas nido pueden fabricarse a partir del vaciado de troncos de determinados tamaños y realizando un agujero de unos centímetros (lo suficiente para que quepa un ave del tamaño de un carbonero), con una tapa. Favoreciendo la cría de aves insectívoras y murciélagos, se ayudará a controlar las plagas de procesionaria.
-repoblaciones adecuadas, sobre todo, con especies arbustivas que incluyan mucho romero, esparto, que es un buen creador de suelo; retama común, que, al ser una leguminosa, fija nitrógeno en el suelo, muy importante; enebro de la miera, espliego, jara blanca, romero macho, coscoja, aladierno, cornicabra en vallejos, y dejar que se asienten durante unos años. También se puede ayudar a la regeneración con el esparcimiento directo de semillas sobre la sierra, ya sea a mano o con medios aéreos. Cuando se observe una recuperación arbustiva general, se pueden iniciar las plantaciones con arbóreas, como la encina en todo el territorio junto con la sabina albar y la sabina mora, el majuelo y el quejigo en zonas de vallejos o incluso el pino laricio en lugares más altos a partir de los 850 msnm. En lugares más arenosos, el pino piñonero también puede encontrar su lugar, en zonas no muy altas, como crece en la zona de La Raya. Se han de respetar de acciones intensivas algunas zonas donde solo crezcan espartos, ya que son focos de expansión de especies endémicas como Sideritis mugronensis, Genista pumila subsp. pumila, etc. y en ellos habitan especies de aves esteparias de muchísimo interés como el alcaraván, la ganga ibérica y el sisón, además de la perdiz roja y mamíferos como la liebre ibérica, y de algunos invertebrados. Si acaso, sembrando bellotas o plantones de encinas. Sería interesante promover la participación ciudadana en estas recuperaciones del bosque. Para esta actuación debe ser obligatorio realizar una cartografía de la zona y señalar las zonas a respetar. La verdadera regeneración de un bosque se produce, primero, con arbustos, para que estos vayan preparando el suelo y acaben dando sombra primero a los jóvenes árboles. La plantación de arbustos autóctonos favorecerá también la diversidad de fauna.
-colocar vallados en determinados puntos con carteles que recen "Zona en regeneración. Se ruega no pasar" y retirarlos tras unos años. Se han de realizar seguimientos de estas zonas para comprobar que se regeneran. Así se protegerán del pastoreo y la depredación.
-otra solución posible sería la tala de pinos en rodales y claros experimentales, vallados, e ir reintroduciendo en ellos las especies mencionadas de la forma que se ha ido diciendo.
-eliminación de senderos no figurados en los mapas de la Sierra Procomunal originados por ciclismo intensivo. Construcción de rutas señalizadas para que los ciclistas puedan disfrutar también de la Sierra.
-colocación de carteles informativos resistentes a los elementos de la intemperie que incluyan textos y fotografías sobre la geología, vegetación y fauna de la Sierra. También sobre las tradiciones étnicas. Hacer hincapié en las tres especies de orquídea observables (recientemente eran sólo dos) y algunas otras bulbosas características como la meleagria, el nazareno o las merenderas, frecuentemente confundidas con el azafrán, lo cual es algo peligroso porque son muy tóxicas.
-se ha de promover el respeto por este lugar tan maltratado durante tantos años y darle una oportunidad a la naturaleza para su regeneración.
-evitar la suciedad producida por actividades humanas, eliminación de residuos.

Una última consideración. Es posible que muchos se sorprendan al leer que recomendamos la tala de muchos ejemplares de pinos de la Sierra de Chinchilla. Todos vemos mal la caída de un árbol, a muchos, incluso, nos revuelve el estómago y nos sienta mal. Lo que muchos de nosotros todavía no entendemos es la forma en que los árboles viven y crecen, no entendemos cómo funcionan los bosques, y por eso se producen errores a la hora de crearlos. En nuestra mentalidad, sabemos que talar un árbol está "mal", pero no lo está plantarlo mal. Como hemos dicho más arriba, los pinos carrascos son plantas que aman el sol con toda su alma, y por ello, donde son autóctonos de verdad, forman bosques muy poco densos, con ejemplares muy separados unos de otros, ya que buscan la luz, como hemos dicho más arriba. Las plantaciones monoespecíficas de pinos son una buena manera de perder biodiversidad en nuestra querida región mediterránea, tan rica tanto en especies vegetales como animales. Lo que nosotros vemos en la Sierra de Chinchilla como un extenso mar de pinos, es en realidad un cultivo enfermo que agoniza lentamente. Además, la regeneración boscosa, que es lo que se pretendía, por parte de los pinos carrascos, no se está produciendo. Los pinos fructifican y producen y esparcen sus semillas aladas, pero no germinan ni se extienden. Criticamos estas plantaciones de pino, sí, pero queremos recalcar que han cumplido su función y ahora toca un nuevo futuro en la restauración de nuestros bosques. Ya es hora de que la encina, la verdadera señora de nuestros montes que todavía cuenta con grandes ejemplares aislados en la Sierra, acompañada de su séquito de romeros, coscojas, y aromáticas, vuelva a dominar lo que se le quitó. La encina es el árbol madre que da la vida en nuestro típico monte mediterráneo, produce humus y hábitat para infinidad de especies y no estropea el suelo, al contrario que los pinos. Por eso hemos escrito esta entrada, para animar a nuestros conciudadanos y políticos a tomar medidas antes de que sea demasiado tarde.

    Finalmente, queremos avisar de que si un incendio asolase las zonas de pinar de Chinchilla, donde, por cierto, hay un riesgo extremo de que esto ocurra, sería lo peor. Al poco tiempo, los pinos volverían a crecer, esta vez tan cerca unos de otros que se ahogarían incluso entre ellos y no dejarían crecer ya nada. (amén de las pérdidas causadas y lo fácil que sería que el fuego cruzase al pueblo). Por ello es necesario hacer caso a la Naturaleza y sobre todo, a nuestros montes, y entenderlos y responder a la gestión que ellos piden. Solo así se conseguirá un futuro medioambiental sano donde todos podamos disfrutar de la Sierra Procomunal de Chinchilla de Montearagón.

Jara blanca (Cistus albidus)

miércoles, 23 de julio de 2014

Paseo nocturno por la Sierra de Chinchilla

    El pasado sábado por la noche, a Rafa Torralba, Jess Stokes y a mí se nos ocurrió que un buen sitio para recopilar citas de licósidos podría ser la Sierra de Chinchilla. Así que, cargados de cámaras y frontales, nos acercamos a este lugar y nos pusimos manos a la obra. El tiempo no nos acompañaba, la temperatura era inferior a la de otras noches veraniegas y además el viento soplaba incansablemente. 
    Hicimos una ruta de unos 5 km, desde una zona de barbacoas nos internamos en la Sierra, pasando cerca del cuco, atravesando el páramo reseco debido a la sobreexplotación agrícola y ganadera de la zona, y acabamos en la plantación de pinos, desde donde volvimos a las barbacoas. En esa ruta circular nos dio tiempo a observar diversas especies de invertebrados interesantes que solo se pueden ver a medianoche. A pesar de que parecía que iba a llover (luego no llovió ná), no vimos ningún sapo y los únicos vertebrados que vimso fueron algunos conejos, aláudidos que salían volando desde los bordes de algunos caminos y palomas torcaces que salían despavoridas de algunas copas de pinos a nuestro paso.
   Yo ya había visto alguna araña lobo anteriormente en el lugar, como podéis ver en esta entrada, pero sospechábamos que, por las características del terreno y el sitio, sería fácil encontrar bastantes si nos dábamos un paseo por la noche. El método que utilizamos para localizar a los especímenes fue el de avistamiento por brillo de ojos. Los licósidos no son arañas que construyen tela, todo lo contrario: estas se van de caza. Para ello precisan de unos ojos que las ayuden a moverse en terrenos pedregosos a veces en completa oscuridad en busca de sus presas. Como muchas arañas, poseen ocho ojos, pero dos de ellos son descomunales comparados con los otros seis. Al enfocarles con un haz de luz en plena oscuridad, estos ojos la reflejan, como los animales que se ven en las carreteras de noche. El brillo de sus ojos solo lo ve el que dirige el haz de luz, o sea, el que, en este caso, lleva el frontal. 
    Observamos muchos individuos de Lycosa hispanica y Hogna radiata jóvenes, pero también algunos otros adultos descomunales.
Lycosa hispanica
Lycosa hispanica
Hogna radiata
    Fue inevitable detenernos a observar otros artrópodos, no solo arañas lobo, que también nos llamaron la atención. Uno de ellos fue una hembra de luciérnaga, concretamente de la especie Nyctophila reichii. Recuerdo, hace bastantes años ya, encontrarme una larva de luciérnaga en un jardín de Chinchilla, pero no había tenido la oportunidad de observar ninguna más; además, esta era una hembra iluminando. Una pasada. La sorprendió Rafa agarrada a una brizna de hierba, iluminando tenuemente con ese característico resplandor verdoso. Me llamó la atención que, a pesar de las fuertes ráfagas de viento que soplaban en el momento de la observación, la luciérnaga seguía emitiendo luz.
Nyctophila reichii
    Otro coleóptero que vimos varias veces fue el escarabajo Blaps, probablemente B. gigas o lusitanica. Los encontramos en medio de caminos o en zonas sin vegetación, con la cabeza inclinada al suelo. Jess nos dijo que un estudioso de los tenebriónidos (familia de escarabajos a la que los Blaps pertenecen) le había contado que, en el desierto, algunas especies adoptan esta posición para que, al llover, el agua les resbale por el exoesqueleto hacia la boca. En Internet también leímos que esto es una postura defensiva: levantan la parte posterior del abdomen para que las glándulas que expelen un líquido desagradable queden más cerca de los posibles depredadores. Personalmente, me parece más razonable la primera opción, ya que: 1) avistábamos a los ejemplares en dicha posición desde lejos, a unos metros antes de llegar a ellos, y observábamos que ya se encontraban así antes de acercarnos nosotros, y 2) el cielo amenazaba tormenta, aunque al final no cayó nada. Estos escarabajos son comunes en la sierra y muchos aparecen ahogados en abrevaderos con fines cinegéticos.
Blaps sp
    En otra zona descubrimos un macho de chinche adornada (Eurydema ornatum), un bonito y minúsculo insecto que parece hecho de porcelana.
Eurydema ornatum
    También vimos un adulto de hormiga león (Myrmeleon cf formicarius) que descubrió Jess, posado en una ramilla. La abundancia de pequeños rodales de arena en esta sierra favorecen su proliferación.
Myrmeleon sp
    Entre cada observación de una especie de insecto, se producían tres o cuatro de arañas lobo. Dirigí a mis amigos a una hondonada que he visitado varias veces donde, bajo una piedra enorme, encontramos dos nidos de Uroctea durandi, una araña mediterránea de característica forma. El abdomen, pentagonal y negro aterciopelado, posee cinco puntos amarillos, uno en cada vértice. Uno de los puntos, el de la parte posterior, en ocasiones es casi inexistente. Construyen un nido en forma de bolsa aplanada desde el cual atrapan a sus presas.
Nido de Uroctea durandi.
Uroctea durandi
    Ya casi de vuelta, otro arácnido nuevo: los ojillos de una pequeña Drassodes brillaron en medio de un camino, y hacia ella nos dirigimos para verla y fotografiarla.
Drassodes sp
    Ya quedaban pocos metros para llegar al coche, pero seguían apareciendo animales en medio del sendero. El que faltaba, además, ya que no podíamos marcharnos de la Sierra sin verlo: el solífugo (Gluvia dorsalis), viejo conocido en este blog.
Gluvia dorsalis
    Jess y Rafa se quedaron fotografiándolo, mientras yo me dirigía a una zona bajo los pinos donde brillaron unos ojos de araña. Era una Hogna radiata que parecía mirarnos desde allí, como si tramase algo. Al enfocarla con el frontal, dio la casualidad de que una mosca se acercó a la luz caminando sobre las acículas de pino. En aquel momento supe que podría presenciar algo muy interesante: la cacería de una Hogna en su medio natural. La Hogna lo notó e intentó capturarla, sin éxito, porque la mosca era mucho menor y caminaba por debajo de las acículas y luego volvía a salir por otro lado. Unos segundos después, la mosca revolotéo muy cerca de la araña, y ésta levantó sus dos pares de patas delanteras, agarrándola en el aire con las patas, los pedipalpos y los quelíceros. Acto seguido, se dio la vuelta y se fue corriendo, deteniéndose un momento antes de irse, como sin saber qué hacer o como sin creerse que ya había conseguido una cena. Llamé a mis amigos antes de que la araña se escondiera, pero fue demasiado tarde.
    El último animal que vimos fue un centípedo (y ahora que escribo esta palabra, me sorprende que no viéramos ninguna Scolopendra, sabiendo lo que abundan en la zona), una escutígera o ciempiés casero (Scutigera coleoptrata).
Scutigera coleoptrata
    Para muchos de nuestros lectores, algunos de estos animales no tienen un aspecto muy tranquilizador: muchas patas, grandes ojos, quelíceros, veneno... Pero jamás debemos olvidar el papel que todas estas criaturas tienen en el ecosistema y la garantía de que un ambiente sano para todos, ya que se alimentan de otras especies molestas, no solo para el monte sino también para nosotros, que es un aliciente para conservar nuestra Sierra Procomunal. Matar uno de estos animales es salvarles la vida a cientos de moscas, mosquitos y otros animales que sí son dañinos.

sábado, 24 de mayo de 2014

Del odio de muchas personas hacia las culebras. Culebra bastarda.

Buenas…
Hoy he pasado un rato malo, de esos a los que un amante de la naturaleza no termina de acostumbrarse, a pesar de ser habituales.
Hoy tocaba comida familiar en Chinchilla de Montearagón (Albacete). En una casa cueva cerca del castillo que domina esta localidad, un sitio muy chulo. Después de comer, mis sobrinos que andaban fuera de la cosa, han pasado corriendo gritando: “¡¡¡tío Rafa, tío Rafaaa, una culebra!!!”. Me he ido para allá. Bajo un contenedor de basura se escondía una culebra bastarda , Malpolon monspessulanus no muy grande, en torno a 120 centímetros. Los chiquillos no paraban de gritar, ahí acudió casi toda la familia, y unos vecinos, estos últimos con muy mala intención. Nada más ver la culebra ha salido el odio que muchos humanos manifiestan ante las culebras, lo primero que han dicho es que había que matarla. Instantáneamente se me ha puesto una mala “piiiii” brutal. Les he dicho que si la mataban inmediatamente llamaba a la Guardia Civil. Eso les ha hecho recular algo, aunque aun insistido en matarla un par de
veces mas, cada vez con menos ímpetu, ante mis amenazas de denunciar si mataban a una especie protegida. Les he hablado del papel que hacen como controlador de roedores, de que son bichos muy eficaces zampando ratas y ratones. Que además son animales muy bonitos, a lo que asentían. Pero seguían diciendo que podría colarse en la casa, y que eso no daba mucho gusto. Pues nada, a seguir intentando convencer de que si se cuela, se saca, que no es necesario matarla.
 No entiendo esa costumbre de tener que matar a toda culebra que se cruce en nuestro camino, el odio y asco que gran parte de la población les tiene, sobre todo la rural. Aun he recibido alguna crítica por intentar salvar la culebra, por intentar oponerme a la gente del pueblo. Puuuf!, ¿que se creen, que voy a volver la cara hacia otro lado mientras alguien mata a la culebra?, parece mentira que no me conozcan.
Finalmente mi cuñado apareció con un palo y un cubo, y consiguió meterla dentro. Costo un poco, la culebra se revolvía, silbaba y hacia por morder, pero acabo entrando al cubo. Luego me la lleve al monte y ahí la solté. Entre matorrales la perdí, desde luego hoy la vida le ha regalado otra oportunidad.
Espero que algún dia la gente comprenda el papel importante que desempeñan las culebras, controlando la población de ratas y ratones, que son capaces de trasmitir enfermedades a humanos, y que generan daños a la agricultura. Sin la presencia de estos ofidios, los roedores camparian a sus anchas, culebras y otros depredadores (rapaces, zorros, etc..) contribuyen al equilibrio del ecosistema.
Saludos.

domingo, 2 de febrero de 2014

ARBA eligió la Sierra de Chinchilla para su primera actuación

    Entre los días 24 y 26 de enero de este año, la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono de Albacete (ARBA Albacete) eligió el pinar sur de la Sierra de Chinchilla para su primera actuación. Esta consistió en unas jornadas de plantación de arbustos en los pinares ya repoblados en los años 50, con especies autóctonas como la encina, la coscoja, la cornicabra, el romero, el romero macho, el espino albar, el aladierno y el espliego. ARBA Albacete tiene pensado hacer estas jornadas de recuperación del piso arbustivo una vez al año para así favorecer la biodiversidad vegetal en la zona. En total se plantaron más de 200 plantas. La participación estuvo completamente abierta al público y participaron una decena de personas incluso con niños. Esperemos que estas actuaciones ayuden a provocar interés por la Sierra Procomunal y frenen su rápido deterioro medioambiental.
    Para más información, podéis visitar la página de Facebook de ARBA Albacete haciendo click AQUÍ o en su página web AQUÍ.
Algunos de los participantes en la restauración.

ESPECIES UTILIZADAS EN LA PLANTACIÓN:

1) Encina (Quercus ilex): árbol o arbusto de la familia Fagaceae. Cuando no alcanza porte arbóreo, la encina se torna matorral espeso, ofreciendo refugio y alimento (bellotas, brotes nuevos) a la fauna del bosque. Además, a su alrededor crecen hongos comestibles y cambian la naturaleza del suelo, transformándolo en apto para otras especies. Hojas de las ramas inferiores espinosas, haz verde oscuro, envés blanquecino, tomentoso. Follaje perenne. El polen de las flores, que crecen en amentos colgantes, son utilizadas por las abejas para producir miel. Anteriormente fue muy común en la Sierra de Chinchilla. Hoy quedan muy pocos ejemplares de gran porte.
 
2) Coscoja (Quercus coccifera): arbusto verde brillante de la familia Fagaceae. Ofrece al bosque características similares a la encina. Muy resistente a la sequía. Se diferencia de la encina por sus hojas siempre espinosas y por tener el envés de la hoja no peloso; cúpula de la bellota espinosa. El tamaño de las hojas depende de la cantidad de agua disponible. Follaje perenne.
 
3) Romero (Rosmarinus officinalis): arbusto de la familia Lamiaceae. Crece en sitios secos y áridos y es uno de los arbustos más comunes en nuestra zona. En la Sierra de Chinchilla no escasea. Las hojas producen un acente esencial que lo hace famoso. Se utiliza en gastronomía. Las flores, que aparecen en primavera y otoño o invierno, son muy apreciadas por los insectos, que también encuentran refugio en sus ramas.
 
4) Espliego (Lavandula latifolia): arbusto pequeño de la familia Lamiaceae. Conocido, pero escaso en la Sierra, aunque abunda localmente. Sus flores, muy aromáticas, son una importante fuente de alimento para muchos insectos en verano. 
 
4) Romero macho o jaguarzo (Cistus clusii): arbusto de la familia Cistaceae. Amante de los sitios secos y áridos, a primera vista muy parecido al romero. Las flores son blancas y llamativas, con estambres naranjas. Olor resinoso, poco agradable. Escaso en la Sierra en general. 
 
5) Aladierno (Rhamnus alaternus): arbusto mediano de la familia Rhamnaceae. De hoja perenne, no debe confundirse con la coscoja. Ofrece frutos que ennegrecen con el tiempo, uno de las primeras plantas en ofrecer sus frutos a las aves (primavera-verano).

6) Cornicabra (Pistacia terebinthus): arbusto de la familia Anacardiaceae, como el lentisco. Al contrario que éste, soporta heladas intensas (por eso el lentisco no aparece en la zona de forma natural). Hojas compuestas, imparipinnadas y grandes, de olor característico; en otoño se tornan de un color rojizo muy llamativo. Los frutos son aprovechados por las aves. Famoso por sus agallas, que aparecen en los foliolos y son causadas por la picadura de un insecto.
 
7) Espino albar o majuelo (Crataegus monogyna): arbusto o árbol de la familia Rosaceae. Sus hojas, aserradas y caedizas en otoño, sirven de alimento a insectos y otros animales. Las flores, que aparecen en ramilletes en primavera, son blancas y olorosas, los insectos las adoran. Unos meses después, produce frutos, que estructuralmente se llaman pomos (como las manzanas) y son de color rojo, lo cual atrae a las aves, sobre todo zorzales y mirlos. Resistente, le gustan las humbrías y la humedad, aunque se puede adaptar a los terrenos secos.